Miguel de Unamuno y Bernardo G. de Candamo: Amistad y Epistolario (1899-1936)
Jesús Alfonso Blázquez González
Prólogo de Luis G. de Candamo
Madrid: Ediciones 98, 2007
410 páginas, ilustraciones, 17X24 cm.
ISBN 84-935894-0-0
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Miguel de Unamuno y Bernardo G. de Candamo: Amistad y Epistolario (1899-1936) reconstruye las relaciones humanas y literarias entre ambos, sostenidas durante casi cuarenta años. El libro está dividido en dos partes bien diferenciadas. La primera narra la historia de su amistad tomando como motivo conductor la biografía del menos conocido de ellos, Candamo, en función de su interacción con la vida de Unamuno. La segunda presenta la trascripción del principal y más directo testimonio de dicha amistad: las noventa y siete cartas, inéditas en su mayoría que se cruzaron a lo largo de varias décadas.
Jesús Blázquez ha publicado recientemente un largo artículo "Bernardo G. de Candamo, escritor modernista miembro de la Generación del 98" en el Boletín de la Asociación de la Prensa de Madrid, número 67, marzo de 2007 http://www.apmadrid.es/images/publicaciones/Boletin/Boletin67/APM67_26.pdf
PRINCIPALES RESEÑAS DEL LIBRO
Libros por Luis García Jambrina
ABCD Las Artes y las Letras, número 817, 29 de septiembre al 4 de octubre de 2007.
La copiosa correspondencia entre Miguel de Unamuno y el joven escritor Bernardo G. de Candamo, que ahora se publica, ofrece un rico testimonio de la literatura y la vida españolas de comienzos del siglo XX. Miguel de Unamuno y Bernardo G. de Candamo. Amistad y epistolario (1899-1936). Jesús Alfonso Blázquez González. Prólogo de Luis G. de Candamo. Madrid: Ediciones 98, 2007.
Como muy bien sugiere el título, el interés de este libro de Jesús Blázquez es doble. Por un lado, reconstruye, de forma minuciosa y en el contexto de la época, la relación de amistad entre Miguel de Unamuno y Bernardo G. de Candamo (1881-1967), una figura menor, pero muy significativa, de la llamada generación del 14 o novecentista -nació el mismo año que Juan Ramón Jiménez-, aunque muy vinculado a la del 98. Por otro, nos
brinda una solvente edición de las cartas que se intercambiaron a lo largo de los años, en su mayor parte inéditas. Sin duda, una de las fuentes documentales más importantes para conocer y entender a Unamuno es su rico, extenso y variado epistolario. No en vano el autor de Niebla fue un ser de palabras, alguien que se fue construyendo, día a día, a sí mismo a través de la escritura, no sólo de su obra literaria, sino también de sus numerosos artículos y, desde luego, de sus cartas.
Precisamente, en una de las que aquí se presentan, el escritor vasco llega a confesar que, según algunos de sus corresponsales de entonces, entre los que se encuentra doña Emilia Pardo Bazán, la carta es su «más especial aptitud». En el archivo de la Casa Museo Unamuno, de la Universidad de Salamanca, se conservan unas 25.000 misivas recibidas, lo que nos permite hacer una estimación aproximada de las miles que él pudo escribir. El epistolario entre Unamuno y Candamo es uno de los más importantes, en cuanto al número de cartas cruzadas con una sola persona, y, en mi opinión, uno de los más atractivos. En total, son 97 cartas, de las que 28 corresponden a Unamuno, fechadas entre 1900 -cuando Unamuno cuenta 35 años y Candamo, apenas 19-, y 1922, si bien la mayoría pertenece al primer lustro del pasado siglo.
Maestro. A través de ellas, podemos ver cómo se va fraguando la amistad entre el escritor ya consagrado y el que aún no ha definido bien su vocación. Si, para Candamo, Unamuno se convertirá pronto en el maestro del que todo se espera, para éste el primero será una especie de confidente, alguien a quien poder confiar sin tapujos determinadas opiniones y pensamientos, así como pedir noticias del mundillo literario de Madrid; también verá en él una imagen de sí mismo, cuando tenía su edad.
En cuanto a lo primero, cabe decir que la influencia de Unamuno fue determinante para el escritor en ciernes. En primer lugar, consigue apartarlo de la avasalladora atracción que sobre él ejercía el modernismo, una tendencia literaria que el escritor vasco rechaza con todas sus fuerzas en ese momento; después, le aconsejará que amplíe sus lecturas literarias con libros de filosofía, religión y otras disciplinas, lo que provocará una pequeña crisis en el joven escritor; y, por último, lo confirmará en la idea de abandonar la literatura de creación por la crítica literaria; de hecho, tan sólo publicará un libro, de poemas en prosa y con prólogo de Unamuno. En cuanto a lo segundo, son muy interesantes sus juicios -en ocasiones, cómo no, contradictorios- sobre Rubén Darío y algunos de sus compañeros de generación (Baroja, Azorín, Valle-Inclán) o sobre escritores que por entonces comienzan a despuntar, así como sus comentarios sobre sus primeras novelas, Paz en la guerra (1897) y Amor y pedagogía (1902), o sobre su propia poesía, en contraste con la que practicaban los modernistas, de moda en ese momento en España; resulta llamativo, en este sentido, ver cómo va difiriendo la publicación de su primer libro de poesías, que no aparecerá hasta 1907.
Sensibilidad y olfato. Bernardo González de Candamo, por su parte, a sus 19 años, demuestra ser ya un crítico con una gran sensibilidad y olfato literario (es uno de los primeros en darse cuenta de la enorme potencialidad de Juan Ramón Jiménez), lo que lo llevará a colaborar en muchos de los periódicos y revistas de la época.
En conclusión, estamos ante un magnífico testimonio de la literatura y la vida españolas de comienzos del siglo XX. Un epistolario, en fin, que se lee casi con la misma avidez que las célebres cartas de Rilke a un joven poeta.
http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=8050&num=817&sec=32
NOTA DE PRENSA DEL ATENEO DE MADRID SOBRE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN EL ATENEO DE MADRID.
ABCD Las Artes y las Letras